Ahogar las canciones: mujeres silenciadas, mujeres olvidadas.

Ahogar las canciones: mujeres silenciadas, mujeres olvidadas.

 

El feminismo global trata de conciliar este mundo globalizado capitalista en el que vivimos con una infinidad de particularidades culturales pero siempre centrándose en el objetivo de defender los derechos de las mujeres y de evitar que los procesos ligados a dicha globalización menoscaben aún más esos derechos ya precarios.

Hace unos años, me llamó mucho la atención un artículo de Gina Tosas en La Vanguardia sobre las tradiciones que anulan a las mujeres. Se llamaba «Nombres prohibidos: las tradiciones que anulan a las mujeres en el mundo». En este blog pretendemos hablar de mujeres invisibilizadas, pero este artículo ponía ejemplos bastante literales de dicha invisibilización. La periodista explicaba tres casos:

 

El primero, el de las mujeres que en la India no pueden decir en voz alta el nombre de sus maridos porque ellas tienen la obligación de considerarlos semidioses. Gracias al trabajo de mujeres activistas como Rohini Pawar y de grupos de discusión de género como los de la ONG Video Volunteers, se había conseguido dar pequeños pasos, como el decir en voz alta el nombre de sus maridos (algunas a costa de un bofetón)… Estos aparentes pequeños gestos significan un gran logro en el desmantelamiento del patriarcado imperante y en el comienzo de la lucha contra otras costumbres de la región como el matrimonio infantil, todo ello con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas.

 

El segundo ejemplo que ponía es el de como en Egipto se borra la identidad de la mujer mediante la costumbre de usar el nombre de la madre de otro para insultarle. Decir en voz alta el nombre de la madre se convierte en un insulto, en un símbolo de la vergüenza. Por esta razón, muchos hombres ocultan el nombre de sus madres y, de alguna manera, las hacen desaparecer.

 

El tercer ejemplo es el de las mujeres sin nombre de Afganistán (no olvidemos que Afganistán es una república islámica y está considerado como el país más peligroso del mundo para las mujeres). Las mujeres sin nombre son mujeres a las que solo se las llama en referencia a sus familiares masculinos; es decir, la hija de…, la mujer de… En un ensayo del portal Feministani se recogía que «En muy pocas familias se llamaba a una mujer por su verdadero nombre, ya fuera dentro del hogar o fuera de él». Según la poeta y activista Somaia Ramish, esto significa en la práctica que la mitad de la población musulmana, casi 15 millones de mujeres, no son nadie, viven bajo el yugo del anonimato y son propiedad de los hombres. Ella cuenta que los hombres sienten que traicionan su religión si dicen en voz alta el nombre de sus madres o esposas y que incluso hay mujeres que olvidan su propio nombre, el de su madre o el de sus hermanas, o que se avergüenzan de decirlo en voz alta.

 

Por eso, en 2013, esta poeta junto a otras poetas y activistas afganas protestaron contra el parlamento por rechazar una ley para la «Eliminación de la violencia contra las mujeres» y el año pasado lanzaron la campaña con el hashtag #Whereismyname (Dónde está mi nombre).

 

Para Somaia Ramish, «la pluma es la mejor arma que tenemos». Por eso, reunieron una colección de poemas en 2013 que luego se convirtió en un libro editado solo en Estados Unidos que se llama Load Poems Like Guns: Women’s Poetry from Herat (Poemas cargados como armas: poesía de mujeres en Herat; Herat es una ciudad al oeste de Afganistán). El libro contiene poemas de ocho mujeres que han vivido bajo un régimen talibán que no las permitía leer ni escribir y que aun así han hecho de la poesía un arma contra la guerra y el patriarcado. La edición de 2015 bilingüe inglés-dari (el dari es una variante del farsi que se habla en esta región) corrió a cargo la editorial Holy Cow! y de Farzana Marie, una poeta estadounidense, licenciada en Humanidades y destinada durante 6 años como soldado en Afganistán. Se dedicó a recopilar estos poemas y a denunciar las injusticias a las que se enfrentan las mujeres afganas, así como la hipocresía de los políticos de la región y del ejército estadounidense.

 

En este vídeo podemos escuchar uno de los poemas de Somaia Ramish en su lengua original. Somaia Ramish es ahora miembro del Consejo Provincial de Herat (algo así como diputada afgana).

 

Este es el fragmento del poema en dari:

عبث

نیست شوقی که زبان باز کنم از چه بخوانم
من که منفور زمانم چه بخوانم چه نخوانم

چه بگویم سخن از شهد که زهر است به کامم
وای از مشت ستمگر که بکوبیده دهانم

نیست غمخوار مرا در همه دنیا به که نازم
چه بگویم، چه بخندم، چه بمیرم، چه بمانم

من و این کنج اسارت، غم ناکامی و حسرت
که عبث زاده ام و مهر بباید به زبانم

Esta es la traducción de este fragmento en farsi o persa al español:

No tiene sentido

La música ya no tiene sentido, ¿por qué debería componer?

Cante o no cante, el tiempo me abandona.

Cuando las palabras te envenenan la lengua, ¿por qué hay que probarlas?

Ahogar las canciones es la mayor habilidad de mi maltratador.

Nadie se da cuenta; a nadie le importa en ningún sitio

Si lloro, si río, si muero o si aún sigo aquí

Cautiva en esta celda, presa del dolor y del desasosiego…

¿Por qué vivir si mi lengua está sellada?

(Somaia Ramish)

 Ada Bale.

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Tres ejemplos de mujeres invisibilizadas y el trabajo de Somaia Ramish.

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